Hola, como habrás adivinado por el título, hoy vengo a hablar de las recomendaciones, de lo importantes que son y de lo mucho que dicen sobre tu negocio.

Pero no te daré consejos ni trucos para aumentar tu número de reseñas en Google My Business, ni te volveré a contar lo mucho que aportan los testimonios de tus clientes en tu web ni de cómo puede esto multiplicar las ventas de tu ecommerce. Esto ya lo has leído muchas veces y lo sabes mejor que yo.

Tampoco estoy hablando de las 5 estrellas que le pones a un hotel en Booking para que dejen de agobiarte mandándote mails pidiéndote que votes. Últimamente parece que las estrellitas las regalan en la tapas de Danone y siento que tarde o temprano dejarán de tener valor.
¿Qué pasa cuando todas las opciones sobre las que tienes que elegir tienen tropecientos votos positivos?, pues que empiezas a plantearte hasta qué punto esto es real…

Por eso voy a hablar de las otras recomendaciones, de las de toda la vida. Las del mundo real.

De esas que una persona da a alguien a quien aprecia mucho; vamos, hablamos del consejo que le darías a tu hermana o a tu mejor amigo porque le quieres ayudar de verdad.

La importancia de la recomendación de clientes

El objetivo real de este post es que trates de conseguir que tu cliente sienta que ha tenido mucha suerte al encontrarte. Que crea que ha descubierto algo que no todo el mundo conoce.

¿Conoces la sensación de tener en tu mano un código de descuento?. Es genial ¿verdad?

Consigue que tu cliente se sienta afortunado por haberte conocido. Su recomendación es un tesoro Clic para tuitear

Cuando encuentras algo que vale la pena estás deseando contarlo, un ejemplo muy claro sería un taller de coches.

Si algún día encuentro un taller de puta madre cerca de mi casa en el que no solo me arreglen el coche, sino que además no intenten timarme cuando descubren que no sé qué coño es el cigüeñal les juraré amor eterno y tendrán mi recomendación de por vida.

El boca a boca de toda la vida te da la vida

Trabajo en marketing en una empresa de marketing, así que puede sorprender que escriba sobre esto, pero es que sigue siendo una de las principales entradas de clientes a nuestra agencia, y la verdad es que no puedo estar más contento.

Para mí esto significa muchísimo, algo estaremos haciendo bien cuando nuestros clientes “se atreven” a recomendarnos. Y entrecomillo atrever porque esto conlleva un riesgo y una responsabilidad enorme para ambas partes.

Es mucho más fácil no meterse en líos, porque todo sabemos que si aconsejas algo con toda tu buena intención pero al final la cosa sale chunga, tú serás el culpable…

Por eso, cuando alguien llama a nuestra puerta y dice que viene de parte de uno de nuestros clientes tenemos muy en cuenta que no solo está en juego nuestro prestigio, sino también el de nuestro cliente y lo último que queremos es hacerle quedar mal.

¿Cómo hemos logrado que nuestros clientes nos recomienden tanto?

Me gustaría decirte que ha sido el resultado de un plan comercial maestro, que somos unos iluminados y que me encanta que los planes salgan bien…

… aunque la verdad es que ocurrió naturalmente, no estaba previsto pero nos encanta que pase.

Supongo que la clave es tratar a nuestros clientes como nos gustaría que nos trataran a nosotros, y sobre todo tener mucha empatía.

Para que un cliente quede contento debes ponerte en su lugar. Explícale las cosas como te gustaría que te las explicaran a ti Clic para tuitear

Da igual cual sea tu sector, lo habitual es que tu cliente tenga muchas dudas cuando te pide presupuesto. Debes entender que si tuviera todo clarísimo y supiera hacerlo él mismo no te contrataría, así que no te desesperes y ayúdale a entender tu servicio. Esto siempre es un buen comienzo.

Por ejemplo, si tienes una empresa de reformas, debes partir de la base de que tu cliente no tiene ni idea de materiales, precios, dificultad, ni tiempos de ejecución. Explicarle todo muy bien también forma parte de tu trabajo.

Hablemos de bancos…

Pues sí, la idea de escribir este post me vino con este brillante anuncio de ING:

Y ahora te cuento mi vida:

Hace unos años tuve que pasar por el siempre difícil trago de pedir una hipoteca…pufffffff, ¡nunca en mi vida había tenido tan claro que no tenía ni idea de algo!. Y qué quieres que te diga, nuestros amigos los bancos no son precisamente un ejemplo de transparencia…

Cada vez que hablaba con el director de una sucursal sentía que entendía menos que el día anterior. Y te prometo que traté de empaparme por internet todo lo que pude, pero claro una cosa es la teoría (que creo que la entendí más o menos) y otra bien distinta es la política comercial subjetiva de cada banco. ¡Madre mía vaya panda!

Cuando entraba en una oficina a pedir mi hipoteca, todo iba más o menos normal hasta que yo pronunciaba la palabra mágica:

AUTÓNOMO

¡Joder, tenías que ver sus caras de susto!, todos decían al instante que mi perfil de riesgo era altíiiisimo y dudaban automáticamente de mi capacidad de asumir una cuota realmente asumible.

¿Autónomo?, vade retro Satanás Clic para tuitear

Pero claro, todos me ofrecían una solución facilísima, solo tenía que contratar 429 productos más con ellos (tarjetas, seguros de vida, de hogar, planes de pensiones…) y todo solucionado.

Sí, como lo oyes, veían en mí un riesgo porque pensaban que no podría pagar y para solucionar mi problema de falta de dinero solo tenía que gastarme más dinero… lo que te digo, no entiendo nada.

Y a todo esto había que sumarle mis dudas sobre qué tipo de hipoteca me convenía, al menos ahora esto está más claro…

¡A TIPO FIJOOOOOOOO! 

pero este es otro tema 😉

Total, que al final acudí a ING y todo fue mucho más claro. No había factor humano subjetivo ni directores de sucursal mirándome con cara de superioridad. Simplemente un sistema informático que calculaba riesgos y números y daba un resultado: Sí o No

Aún recuerdo la explicación que me dio un empleado de ING en sus oficinas, una master class de claridad y transparencia, salí de allí con todos los conceptos absolutamente claros y sin ninguna pregunta que resolver..

Y hoy soy uno de esos clientes que hablan bien de ellos, así de sencillo.

NOTA: Aunque pueda parecer lo contrario, este post no ha sido patrocinado por ING Direct ¡eh!. Se trata de una aportación gratuita sin ánimo de lucro fruto de mi tontuna habitual 😉

Bueno pues ya hemos hablado suficiente de bancos, volvemos a lo nuestro.

¿Quieres que tus clientes sean tus mejores comerciales?

Mi consejo es que hagas estas tres cosas:

  1. Hacerle sentir especial
  2. Explicarle con paciencia todo lo que necesite saber
  3. Hacer un buen trabajo (obvio)

Haciendo esto es muy probable que antes o después terminen recomendándote.

Como detalle final te diré que nunca jamás le hemos dicho a ningún cliente que nos recomiende. Este puede parecer un detalle sin importancia, pero la verdad es que creo que ayuda aún más a dejarle claro él es el único protagonista.

No trabajamos bien para que nuestro cliente nos recomiende. Trabajamos bien y punto, la recomendación es un regalo que nos hacen nuestros clientes porque son muy salaos!

PD: Te recomiendo que me dejes un comentario contándome algo 😉

Hola, soy David! Socio fundador de Ensalza, Director de Marketing y un tío feliz. No me considero experto en nada, pero sí muy curioso y con ganas de seguir aprendiendo.

En mis artículos me muestro tal y como soy, no me gusta aparentar y mucho menos aburrir a las ovejas hablando de cosas muy técnicas.

Siempre que puedo uso el humor en mis post, así me puedo desahogar y repartir un poco de cera sin que nadie se enfade...

[Total:1    Promedio:4/5]
Share This