¡Hola!

Hoy voy a hablar de pájaros en la cabeza. Concretamente de cómo una gran idea puede quedarse en nada si eliminas demasiado pronto de la ecuación el verbo TRABAJAR.

Sí, estamos de acuerdo en que para ganar pasta debes optimizar los procesos productivos de tu negocio. Hay que conseguir hacer mucho en poco tiempo, ahorrar dinero y producir más con menos esfuerzo.

Esta teoría es cojonuda, pero ¿cómo tienes pensado optimizar tus procesos si aún no los conoces?

Sí, en este artículo vuelvo a recurrir a mi querido sentido común, y a obviedades tan obvias que me parece increíble que esté escribiendo sobre ellas. Pero es que todavía me encuentro a diario con personas que no saben que para ganar dinero tienen que currar…

¡Sorpresa!

En Ensalza nos dedicamos al desarrollo de aplicaciones web a medida, y como es lógico, nos reunimos con muchos emprendedores que quieren contarnos sus ideas.

Escuchamos ideas de todo tipo, algunas geniales y otras que a priori no lo son tanto, pero ¿sabes lo que realmente buscamos antes de aceptar un proyecto? Ganas de trabajar.

Si no encontramos esas ganas en nuestro cliente, nosotros mismos perdemos el interés porque sabemos que tarde o temprano él también lo perderá cuando descubra que esto no es tan fácil como le habían contado…

Los castillos de naipes

Hace poco tuvimos una de esas reuniones que nos dejan mal sabor de boca. Nos reunimos con un par de personas que traían entre manos una idea de negocio con muy buena pinta, pero pronto nos dimos cuenta de que no había ni rastro de ganas de trabajar.

No te voy a contar de qué trataba el proyecto, porque esto no es lo importante, pero sí por qué creo que es imposible que triunfe. Sé que me estoy cargando de razón, pero la experiencia nos ha demostrado que el éxito de un proyecto no depende de que detrás haya una idea genial o no la haya, a veces es más una cuestión de actitud.

El éxito de un proyecto no depende tanto de tener una idea genial: depende más de la ilusión, las ganas y la actitud

Durante su presentación nos dijeron cosas tan interesantes como:

  • Nicho poco explotado y con muchas posibilidades
  • Competidores “fácilmente superables”
  • Servicio diferente al existente, más personalizado y humano (ojo a esto)
  • Sin necesidad de una gran inversión

Como puedes ver, sobre el papel todo pintaba fenomenal.

Escuchamos con mucho interés su explicación, y la verdad es que parecía que habían hecho un estudio de mercado bastante serio, pero de pronto nos vimos sorprendidos con una frase lapidaria:

“Aquí hay mucha pasta, ¡si es que nosotros no tenemos que hacer nada!”

¡Eso no posible es!

Todo lo que nos estaban contando conllevaba muchísimo trabajo ¿pero en qué realidad viven estas personas?.

Lo más grave de todo es que no se trataba de perfiles con escasa formación, durante la reunión se preocuparon muy mucho de dejarnos claro que poseían muchos títulos y Másters del Universo. Usaban mogollón de palabras en inglés con acento de Arkansas y términos muy modernos que, con el corazón en la mano, te diré que no había escuchado en mi vida y no sé que significan…

Durante el transcurso de la reunión cada vez vimos más claro que sus cuerpos estaban en nuestra humilde sala de reuniones, pero sus aires de grandeza hacía tiempo que habían transportado sus cerebros a un Yate en la Maldivas.

Esto nos pasa alguna que otra vez: nuestros clientes pillan confianza y se sueltan, así que terminan contándonos lo que realmente piensan…

Integraciones con CRMs, ERPs y todas las siglas que se te ocurran, automatizaciones sobre procesos previamente automatizados, Chatbots (ojo al servicio más personalizado y humano que nos contaron al comienzo de la reunión), envío de SMS con cuenta atrás, validación y enlace a TPV pasando antes por una plataforma que recopila todos los datos del cliente casi por arte de magia y diversas paranoias que ya no recuerdo…

¡Oh la lá! Y todo esto teniendo en cuenta que aún no tenían ni un cliente, ni una sociedad a nombre de la que hacerles factura, es más, por no tener no tenían ni un presupuesto encima de la mesa…

Un castillo de naipes con todas las letras. 

¿Y cómo acaba todo esto?

Tras advertirles que estaban construyendo la casa por el tejado tratando de automatizar lo que hasta entonces era solo una teoría, les dimos el capricho de estudiar por encima el proyecto y darles una estimación de precio…

¿Adivinas lo que pasó?

¡Correcto, susto de muerte!

Aaaaro, si no quieres trabajar tendrás que pagar para que otros trabajen por ti… Nosotros no tenemos la suerte de haber dado con un negocio en el que no tenemos que hacer nada. Trabajamos mucho y cobramos por ello.

Si no quieres currar en tu proyecto tendrás que pagar para que otros curren por ti. Es de cajón ¿no? Clic para tuitear

Conclusión: Primero trabaja, después piensa en automatizar. En ese orden.

Lanzar un negocio implica currar mucho, darse la hostia, aprender de los errores, levantarse, volver a equivocarse, reinventarse, conocer a tu cliente, darte cabezazos porque no das con la tecla, cambiar cosas, volver a probar, formarte, alegrarte de los éxitos, darte cuenta de que los éxitos son relativos, ir creando un equipo, tener suerte, dejar de culpar a la mala suerte, invertir, dudar, volver a ilusionarte…

Vamos, poner todo el empeño del mundo para conseguir algo.

Y cuando hayas hecho todas estas cosas y alguna más que no quiero poner para no aburrirte, podrás empezar a pensar que conoces tu negocio y que puedes plantearte automatizar procesos.

De hacer mucha pasta ya hablamos otro día 😉

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