Como introducción conviene dejar una cosa clara: diseño no es igual a arte. Resumiendo muchísimo podríamos diferenciar estas dos disciplinas en función de lo que quiere conseguir cada una de ellas:

Un artista plasma su visión de las cosas, se expresa, muestra al exterior lo que siente dentro sin más propósito que su disfrute. Es como una especie de desahogo personal. El artista refleja en su obra su propia visión del mundo.

Un diseñador siempre tiene un objetivo práctico, su obra debe tener un fin. Nunca se diseña porque sí, se diseña porque se quiere lograr algo.

No es lo mismo diseñador que artista

Como puedes ver en la imagen, DISEÑO se lee perfectamente, cumple su función práctica. En cambio ARTE no se lee tan bien, pero esto no es lo importante… es arte! (bueno esto no es arte, son solo 4 letras con una tipografía especial, pero tú me entiendes…)

Hecha esta aclaración ya podemos entrar en materia y concluir que tu diseño web debería llevarlo a cabo un [buen] diseñador, no un artista. Y ojo, espero que mis palabras no se malinterpreten. No tengo nada en contra de los artistas, de hecho disfruto mucho viendo obras de arte que yo jamás sería capaz de hacer. Simplemente considero que existen profesionales específicos para cada disciplina y que, del mismo modo que no le encargaría pintar la Capilla Sixtina a un diseñador, no pondría el éxito de mi negocio online en manos de un artista.

¿Qué es un diseño web “bonito”?

Realmente lo que voy a contar ahora no es aplicable solo a diseño web, sino a todos los diseños que tengan que ver con tu empresa.

Si me lo permites te voy a contar una historia basada en hechos reales. Esta historia trata de cómo me di cuenta de que no basta con hacer algo bonito, hay que hacer algo que tenga sentido.

Durante muchos años me he dedicado al diseño, tanto gráfico como web. En todo este tiempo he afrontado todo tipo de trabajos, cada uno con sus peculiaridades y los gustos propios de cada cliente. Y si hay algo que he aprendido (después de algún que otro mosqueo) es que no puedo convencer a nadie de que mi diseño es bonito. Si a mi cliente no le gusta, no le gusta. Así de claro.

Que un diseño sea bonito no significa que sea un buen diseño Clic para tuitear

¿Quién soy yo para convencer a nadie de lo que es bonito y de lo que no lo es?, ¿por qué mis gustos son mejores que los suyos? Y lo más importante de todo, ¿por qué su empresa tiene que mostrarse al exterior con una imagen que no le gusta?

Te aseguro que al principio no entendía nada, no sabía porqué algunos clientes no valoraban mi trabajo, con la cantidad de horas que le dedicaba y lo “bonito” que me quedaba todo.

Algo tenía que hacer…

Un buen día, no sé decirte muy bien cuándo ni dónde, decidí cambiar el modo en el que presentaba los diseños a mis clientes.

Antes simplemente se los enseñaba y esperaba (cruzando los dedos) a ver qué le parecían. Yo estaba convencido de que a mi cliente le gustaría lo que había creado para él, y pensaba que con eso bastaba… ¡qué equivocado estaba!

Después, dejé de hacer eso y empecé a explicarle a mi cliente el porqué de todo en su web. Contándole con todo lujo de detalles porqué cada elemento estaba donde estaba y qué quería lograr con ello, dejando de lado si les parecía bonito o feo, eso ya no me importaba.

Sorprendentemente, desde ese día los clientes (o al menos la mayoría) empezaron a valorar un poco más mi trabajo.

Dejé claro desde el principio que yo no soy un artista (ni lo pretendo ser, ni tengo el más mínimo talento como para intentarlo…), pero es que además, él no necesita un artista, sino un profesional que entienda su proyecto y trabaje junto a él para lograr que triunfe. ¿Recuerdas que en la introducción dije que un diseñador siempre tiene un objetivo práctico…? pues aquí lo tienes.

Cuando antes mostraba el diseño tal cual, recibía como respuesta frases como: “No sé, no me convence…” o “No es como me lo imaginaba…”. Ahora que mis clientes entienden el sentido y la utilidad de un buen diseño, intervienen, proponen, preguntan y opinan. ¡Perfecto! Porque eso es lo que necesitamos en la agencia para hacer bien nuestro trabajo. Saber todo sobre el producto o servicio de nuestro cliente, conocer su propia personalidad y mostrarlo al exterior del modo más fiel posible. Y desde luego, con un “No sé, no me convence…” no podíamos hacer demasiado.

¿Por qué se produce este cambio?

Pues no se trata de un milagro. Es algo tan sencillo como comprender que debes pensar en tu cliente por encima de tus gustos personales. Estamos hablando de tu negocio, no de decorar tu propia casa. En el mundo empresarial lo estético no tiene sentido si no viene acompañado de resultados. Hacer algo bonito no es el fin, simplemente es un argumento más a nuestro favor para tratar de lograr nuestros objetivos: ya sea vender más, darnos a conocer, lograr contactos o mejorar la imagen de nuestra marca.

¿Hay algo más bonito que una tienda online que vende?, ¿te importa mucho que la web de tu competencia sea preciosa si tú logras el doble de clientes?

En tu empresa, lo estético no tiene sentido si no viene acompañado de resultados Clic para tuitear

Un ejemplo clarísimo lo encontramos en este anuncio del que para mi es el coche más feo jamás fabricado por el hombre: El Fiat Multipla.

Como verás, Don Michael Schumacher no habla en ningún momento del aspecto de esta atrocidad de la ingeniería (y lo entiendo…). Habla de su utilidad, de su funcionalidad y de todo lo que podía aportar al usuario. (Pese a sus esfuerzos, como era de esperar este modelo fue un auténtico fracaso de ventas).

Conclusión: en el término medio está la virtud

En este último ejemplo podemos comprobar la importancia que tiene un buen diseño. Probablemente si el Fiat Multipla no hubiera sido tan rematadamente feo, alguien habría valorado su utilidad. Como he comentado antes, la clave está en ponerse en la piel de tu cliente y en este caso, es obvio que a nadie le gusta conducir un coche horrible, por muy práctico que resulte.

Todo esto que te he contado es aplicable a todo tipo de diseños, desde los más simples como un flyer o una tarjeta de visita hasta los que requieren más nivel de detalle como un  dossier corporativo, una página web o una tienda online. No te vuelvas loco con el arte.

Para finalizar y como ejemplo revelador que lo resume todo:

  1. Si tu tarjeta de visita es preciosa y supercool, pero los datos de contacto no se pueden leer porque son demasiado pequeños, no servirá absolutamente para nada.
  2. Y si tu tarjeta de visita es tan rematadamente fea que duele mirarla, ten por seguro que nadie te llamará, por muy bien que se lean los datos.

Lo dicho, en el término medio está la virtud.

Hola, soy David! Director de Marketing de Ensalza y enamorado de mi profesión. No me considero experto en nada, pero sí muy curioso y con ganas de seguir aprendiendo.

En mis artículos me muestro tal y como soy, no me gusta aparentar y mucho menos aburrir al personal hablando de cosas muy técnicas.

Siempre que puedo uso el humor en mis post, así me puedo desahogar y repartir un poco de cera sin que nadie se enfade...

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